Las 4 pintoras del movimiento Impresionista. La mirada femenina.

Las 4 pintoras del movimiento Impresionista. La mirada femenina.

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Monet, Cézanne, Renoir, Degas... todos ellos y alguno más que falta son los hombres del grupo de Los impresionistas, del que ya os hablamos en otro artículo. Si lo comparamos con otros movimientos artísticos anteriores, el impresionismo (1873-1886) fue un movimiento en el que las mujeres tuvieron cierta acogida y representación. Las pintoras del movimiento impresionista fueron cuatro: se trata de Berthe Morisot, Mary Cassatt, Eva González y Marie Bracquemond.

Cuatro pintoras que alcanzaron la excelencia artística dentro del grupo Impresionista. Durante mucho tiempo, la historia del arte, las recordó más como modelos que como artistas.

Aunque París estaba en pleno avance, los prejuicios contra las mujeres artistas seguían existiendo. Las mujeres del S XIX no podían ser admitidas en la Escuela de Bellas Artes. Seguía siendo terreno exclusivo de hombres hasta 1897, en que fueron admitidas las primeras mujeres artistas.

Un siglo de grandes contradicciones con respecto a la mujer. Si bien avanzó en cuanto a derechos laborales y económicos, socialmente se sigue viendo, a la mujer, bajo el prisma del modelo victoriano, en su papel de madre, esposa y ángel del hogar.

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Berthe Morisot, retrata a su hija tocando el piano.

La formación artística de las mujeres del momento, provenía de academias particulares como la academia de Rodolphe Julian. En ellas, las mujeres podían seguir el mismo plan de estudios que los hombres recibían en la enseñanza oficial.

Las academias les permitían pintar desnudos con modelos naturales, lo cual era un hecho sin precedentes para las mujeres pintoras. Un factor positivo de este tipo de enseñanza fue la frescura y la espontaneidad de sus obras frente a la enseñanza más disciplinada que proponía la educación oficial.

Otro lugar de aprendizaje fue el Museo del Louvre, en donde sí podían ir al igual que los hombres, para copiar a los grandes maestros de la pintura, formándose en la composición, en las diferentes técnicas y la aplicación del color.

Por otro lado, aunque ninguna de ellas procedía de familia de pintores, sus orígenes burgueses, les permitió acceder a una educación artística estimulada desde el seno familiar.

¿Por que? Porque hablamos de una época en la que estaba bien visto que las mujeres se dedicaran a la pintura como afición y entretenimiento, no de manera profesional ni económica.

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Madre e hijo. Mary Cassatt.

Por otro lado estaban mal vistas las mujeres que se dedicaban a pintar a «plain air», tan propio de este movimiento y como lo hacían sus compañeros hombres, lo que las obligó a realizar y situar sus obras dentro del ámbito doméstico.

La sociedad francesa seguía relegando a un segundo plano la vida pública de las mujeres.

Su ámbito, el casero, la vida doméstica, su intimidad y ese pequeño círculo burgués en el que se movían, pasó a ser la temática principal de sus obras. Se consideraba, además, que las mujeres no tenían el conocimiento de la anatomía humana por lo que no podían ser capaces de representarlo.

Pintar escenas del día a día, un tanto informales, fue la temática principal de las pintoras del movimiento impresionista. Dato curioso cuando más tarde, este tipo de temáticas corrientes formarían parte de la base del Impresionismo.

Pero, a pesar de los topes constantes, impuestos por la sociedad y el propio mundo artístico, nuestras mujeres consiguieron formar parte de este movimiento y que se las reconociera por ello. Establecieron relaciones con los pintores del movimiento impresionista, lo que les facilitó su proyección.

El movimiento impresionista no respetaba las reglas a nivel artístico, lo cual conllevó un cambio de mentalidad en muchos sentidos.El carácter, ciertamente, revolucionario del movimiento, facilitó la presencia de las pintoras en sus filas.

Manet, las retrató en numerosas pinturas. Degas y Mary Cassatt establecieron una estrecha relación profesional colaborando en varios proyectos. Eva Gonzalès fue alumna de Manet. Marie Bracquemond, tuvo como mentores a Monet y Renoir.

A través de estas relaciones con la élite cultural del momento y con otros intelectuales y artistas como Mallarmé, Puvis de Chavannes o Emile Zola, las mujeres impresionistas terminaron siendo aceptadas por la crítica.

Las pintoras del movimiento impresionista no tuvieron una identidad común. Cada una se relacionó a su manera con los debates artísticos y políticos de la época, pero no formaron grupo con una identidad común de mujeres pintoras.

Berthe Morisot (1841 –1895) fue fundadora y figura clave del movimiento impresionista.

Berthe y su hermana Edma estudiaron de forma privada en el taller del pintor académico José Guichard, discípulo de Ingres y Delacroix. Copiaban las obras maestras Louvre para practicar el dibujo.

Cuando Berthe Morisot, conoció a Corot, importante paisajista de la escuela de Barbizon, empieza a pintar al natural, directamente la naturaleza.

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En 1868 conoce a Edouard Manet, quien se encuentra el Louvre copiando los cuadros de Rubens.

Berthe Morisot se sintió fascinada por la fuerte personalidad del pintor y accedió a posar para él en una decena de pinturas.

Berthe Morisot retratada por Manet.

En 1874, tras la muerte de su padre, Berthe Morisot se casa con Eugène Manet, hermano de Edouard Manet. Ese mismo año participa en la primera exposición impresionista y a partir de entonces, estará presente en todas las ediciones posteriores. Financia, junto con su marido, la última edición, la de 1886, y participa activamente en la selección de artistas.

Sus esfuerzos por plasmar las sensaciones mediante una compleja red de pinceladas quebradas, la colocaron en la vanguardia de su época. Su pintura, muy ligada a su propia vida y a la de las personas que la rodeaban, muestra su entorno tal y como ella lo veía, con una gran naturalidad.

Los críticos la descubren y le dedican comentarios elogiosos y alentadores, alabando sus opciones cromáticas y su sentido innato de la luz. Morisot expone con regularidad en los Salones oficiales de París hasta 1873. 

Aunque Berthe Morisot fue considerada como igual dentro del grupo de los Impresionistas, ella siempre tuvo incertidumbres como artista mujer, tal cual dejo plasmado en sus diarios.

«No creo que exista un hombre que haya tratado a una mujer como su igual y es todo lo que pedí; sin embargo, estoy segura que valgo tanto como ellos.»

Berthe Morisot.

Mary Cassatt (1844-1926).

Mary Cassatt es otra de nuestras pintoras del movimiento impresionista. Aunque nacida en Pensilvania, Estados Unidos, pasó gran parte de su vida en Francia.

Desde pequeña se sintió fascinada por el dibujo y la pintura, pero debió luchar contra el escepticismo de sus padres, y añadir los prejuicios sociales de aquellos que no aceptaban que una mujer pudiese emprender una carrera artística.

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Mary Cassatt. Autorretrato.

La tercera artista, considerada «una de las tres grandes damas del impresionismo» (Gustave Geffroy, crítico de arte. Historia del impresionismo, publicado en 1894 ) junto con las dos anteriores, fue Marie Bracquemond.(1840 – 1916).

Marie Bracquemond creció en un clima muy diferente al ambiente intelectual y culto de las otras grandes pintoras del impresionismo.

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Autorretrato. Marie Bracquemond.

Cuando contaba con diecisiete años participó en el Salón con un dibujo de su madre, su hermana y su profesor. Un amigo de la familia le presentó al pintor Jean-Auguste Dominique Ingres (1780-1867), con quien se formó en el dibujo académico. 

Sin embargo, este pintor mostraba una baja valoración hacia sus alumnas.

«Dudaba del coraje y la perseverancia de las mujeres en el campo de la pintura. Quería imponer límites a las mujeres artistas en el campo de la pintura, encasillarlas en la pintura de flores, de bodegones, de retratos y escenas propias de su sexo»

La vie de Félix et Marie Bracquemond. felix BRACQUEMOND.

La artista le mostró unos dibujos que había hecho de su hermana Louise, y el maestro quedó asombrado. Le recomendó, entonces, que se alejara de los temas banales de su localidad para centrarse en la representación de la naturaleza.

Su encuentro con Ingres reforzó sus deseos por continuar trabajando en la pintura, a pesar de los obstáculos que se le interponían. Como escribió por esas fechas:

​“No quiero pintar flores. Quiero trabajar en la pintura y expresar aquellos sentimientos que el arte me inspira”

A pesar de sus esfuerzos, quedó relegada durante largo tiempo a la sombra de su marido, el también pintor Félix Bracquemond, hasta que expuso por primera vez en el Salón de París de 1859.

Desde entonces ganó un merecido reconocimiento y participó en otras tres exposiciones de los impresionistas, la cuarta, la quinta y la octava.

En sus obras, la artista se centra principalmente en escenas domésticas con un estilo sencillo y espontáneo.

Eva Gonzalès (1849 – 1883) es la cuarta y última de nuestras pintoras impresionistas.  Francesa de origen español y monegasco, considerada la más discreta de todo el grupo.

Las 4 pintoras del movimiento Impresionista. La mirada femenina.
Autorretrato.

Recibió una educación esmerada y desde muy joven tuvo contacto, a través de su padre, el escritor español Enmanuel Gonzalés, (fundador de La Revue de France y primer presidente honorario de La Société des Gens de Lettres), con la intelectualidad del París de la época.

En un primer momento estudió con  Charles Joshua Chaplin, y posteriormente con  Édouard Manet, en cuyo taller será modelo y alumna.

La influencia de Manet en su pintura es visible hasta 1872, después su estilo se vuelve más personal, especializándose en obras al pastel y tonalidades claras. En sus pinturas utiliza pinceladas amplias y enérgicas, eliminando los tonos transitorios y el detalle.

Ella compartió con el grupo de los impresionistas el interés por la representación de la vida moderna.

Las 4 pintoras del movimiento Impresionista. La mirada femenina.
Un palco del teatro de los Italianos. Eva Gonzalés. 1875

Artista contemporánea de Berthe Morisot y Cassatt, González pinta a menudo escenas de interior en su propio entorno social.

Las 4 pintoras del movimiento Impresionista. La mirada femenina.
Muchacha despertándose. Eva Gonzalés.

Expuso en el Salón de París de 1870 una pintura de carácter realista, inspirada en un cuadro de su maestro, titulada “El pequeño soldado”.

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