Las olas arden primer poemario de Melissa Alvarado Sierra, nos invita a reflexionar sobre el azar, la memoria y la fragilidad de la existencia. A través de imágenes cotidianas y experiencias marcadas por la pérdida, la autora explora esa delicada frontera entre lo que sucede y aquello que pudo haber sucedido. Sus poemas hablan de la supervivencia, del paso inevitable del tiempo y de nuestra relación con aquello que escapa a todo control. Un poemario íntimo y conmovedor que encuentra en la escritura y en los pequeños gestos cotidianos una forma de comprender la vida y seguir adelante.
Melissa Alvarado Sierra es una escritora, ensayista y periodista puertorriqueña nacida en Cayey, Puerto Rico. Su trayectoria literaria se caracteriza por una mirada que combina la memoria personal, la identidad puertorriqueña, la experiencia femenina y las preocupaciones sociales y medioambientales. Su escritura transita entre la literatura, el periodismo y la investigación académica, con especial interés por las historias que permiten comprender la identidad y la memoria colectiva
«A Danielle»: el azar y la supervivencia
El poema «A Danielle», es uno de los textos más conmovedores de su universo poético. En él, la autora parte de un acontecimiento trágico relacionado con el naufragio de un barco para construir una reflexión profundamente humana sobre el azar, la muerte, la culpa y la supervivencia.
La historia comienza con una circunstancia aparentemente sencilla: el esposo de la voz poética debía ocupar un puesto en un barco, pero finalmente fue Danielle quien embarcó. Ella no regresó. El hombre volvió a casa. Una decisión, una sustitución y un destino irreversible separan a quienes continúan viviendo de quienes desaparecen.
Melissa Alvarado Sierra cuenta esa secuencia en su primer poemario, Las olas arden, sin explicarlo demasiado. Danielle murió; el esposo de la hablante volvió a casa. La muerte de Danielle no se presenta como algo inevitable, sino como el resultado de una sucesión de circunstancias y decisiones humanas. Su lugar podría haberlo ocupado otra persona. De hecho, debía ocuparlo el esposo de la protagonista.
«No hubo presagio, solo la elección que antecede al azar»
El poema es el centro más severo del libro. Su voz imagina los camarotes a oscuras, la radio callando, el acero cediendo. Sabe, al mismo tiempo, que imaginar no equivale a haber estado allí. Esa distancia le permite nombrar la experiencia de quienes siguen viviendo después de algo que casi les ocurrió. «Sobrevivientes por omisión», dice de ella y de su esposo. La expresión constituye probablemente el hallazgo más profundo del poema.
La hablante y su esposo no vivieron el naufragio, pero tampoco quedaron completamente al margen de él. Su supervivencia está ligada a una ausencia: la de quien ocupó el lugar que pudo haber correspondido a su marido. No se atribuye el naufragio, sino que reconoce que desde entonces forma parte de su vida.
La supervivencia deja de ser una circunstancia afortunada para convertirse en una experiencia cargada de memoria, incertidumbre y responsabilidad emocional.

La frontera entre lo sucedido y lo posible en el poemario
Las olas arden vuelve una y otra vez a esa distancia entre lo sucedido y lo que pudo suceder.
En «Aclis», Melissa Alvarado Sierra aborda uno de los temas más difíciles de la experiencia humana: la convivencia con la muerte y la conciencia de nuestra propia vulnerabilidad. El poema nos sitúa en una habitación de hospital, donde la hablante recibe una dosis del llamado «diablo rojo», mientras, muy cerca de ella, una niña muere.
A partir de esta escena, la autora construye una reflexión sobre la vida, la enfermedad, el azar y la injusticia aparente de la existencia. Sin recurrir a grandes discursos ni buscar explicaciones trascendentes, nos introduce en un momento de enorme intensidad emocional.
El instante en que la muerte de otra persona nos enfrenta inevitablemente a nuestra propia mortalidad.
La expresión «diablo rojo» alude a un medicamento de quimioterapia, conocido por su color rojizo y por la dureza de sus efectos. Esta referencia sitúa el poema en el territorio de la enfermedad y del combate por la supervivencia.
La infancia y la imposibilidad de detener el tiempo
La infancia ocupa un lugar especialmente significativo en el poemario de Melissa Alvarado Sierra. Frente a los poemas atravesados por la muerte, la enfermedad y la conciencia de la fragilidad humana, los recuerdos de la niñez introducen otra forma de enfrentarse al paso del tiempo: el deseo de conservar aquello que inevitablemente desaparece.
En poemas como «Las curvas» y «Cercadillo», la autora recupera la mirada infantil para explorar la imaginación, el descubrimiento y la relación con el tiempo. La infancia aparece como un territorio de libertad, pero también como un espacio que solo puede recuperarse a través de la memoria y la escritura.
Hay otra clase de espera en los poemas de infancia. La niña de «Las curvas» cierra los ojos y detiene el sol, las hojas, a los otros niños. Quiere retrasar el regreso a casa. Quiere quedarse niña. En «Cercadillo», descubre que con un lápiz puede detener el tiempo de una manera distinta. Las historias se dejan escribir. Leídos junto a los poemas de «Guerras», esos momentos adquieren una claridad dolorosa. Escribir puede conservar una tarde; no puede impedir que termine.
Los objetos, los gestos y la memoria cotidiana
En «Pan de agua», Melissa Alvarado Sierra nos acerca a una dimensión más cotidiana e íntima de Las olas arden. Después de explorar en poemas como «A Danielle» y «Aclis» la proximidad de la muerte, el azar y la fragilidad de la existencia, la autora dirige su mirada hacia un gesto aparentemente insignificante: ofrecer unas migajas de pan a los pájaros.
Sin embargo, detrás de esta escena sencilla se esconde una reflexión sobre la generosidad, la memoria, el paso del tiempo y la necesidad humana de establecer vínculos con aquello que nos rodea. El poema encuentra en un acto cotidiano una forma de hablar de nuestra relación con el mundo y de la importancia de los gestos, incluso cuando no obtienen respuesta.
Alvarado Sierra conoce bien los objetos con los que intentamos hacer ese trabajo. Una libreta antigua. Una silla vacía. Un envase de plástico usado durante años por distintas manos. En «Pan de agua», las migajas viajan de la cocina a la playa y caen bajo una palma. Los pájaros apenas se interesan. El gesto importa aunque nadie recoja lo que se ofrece. Esa falta de respuesta le da al poema una honestidad que el libro alcanza también en sus momentos más duros.
El mar como amenaza y memoria
El mar constituye uno de los elementos simbólicos más importantes de Las olas arden. Su presencia atraviesa el poemario y adquiere diferentes significados: es paisaje, memoria, amenaza y representación de aquello que escapa al control humano.
Melissa Alvarado Sierra utiliza el universo marino para explorar la fragilidad de la existencia y la relación de las personas con lo imprevisible.
Lejos de ser un simple escenario natural, el mar se convierte en una presencia que condiciona la experiencia de los personajes y acompaña sus reflexiones sobre la pérdida, la supervivencia y el paso del tiempo. Sus aguas guardan historias, evocan ausencias y recuerdan que la naturaleza posee una fuerza ante la que la voluntad humana resulta limitada.
La mujer de «Ancestra» advierte que las olas siguen ardiendo; «A Danielle» termina con una confianza en el mar que conoce su hambre. Entre ambas escenas transcurre un libro sobre personas que viven cerca de aquello que no pueden controlar.
A medida que avanzamos en la lectura del poemario Las olas arden, el mar adquiere un significado que trasciende su dimensión paisajística.
Sus olas pueden representar el movimiento constante de la memoria; sus profundidades, aquello que permanece oculto; su fuerza, la imprevisibilidad del destino; y su capacidad de destruir, la fragilidad de nuestra existencia
La reconstrucción y la persistencia de la vida
El último poema observa unas aves que reparan su nido. Vuelven a las vigas, se alimentan, comienzan otra vez. Desde el balcón, ocupa sus propias manos en preparar alimento y escucha lo que persiste después del ruido de las alas. El libro acaba allí, en una tarea que habrá que repetir mañana.
Conclusión. Vivir después del azar
Las olas arden construye una reflexión sobre la fragilidad de la existencia y la conciencia de que nuestras vidas pueden cambiar por decisiones mínimas, circunstancias imprevisibles o acontecimientos que apenas rozan nuestra propia historia.
Melissa Alvarado Sierra explora la experiencia de quienes sobreviven, pero también la de quienes conviven con la posibilidad de no haberlo hecho. La memoria no se limita a conservar lo sucedido: también guarda aquello que pudo ocurrir y que, precisamente por no haber ocurrido, sigue habitando nuestra conciencia.
Frente a la incertidumbre, el poemario no ofrece respuestas definitivas ni busca consuelos fáciles. Encuentra en la escritura, en los objetos cotidianos y en los pequeños gestos de cuidado una manera de resistir el paso del tiempo y la amenaza de la pérdida.
Las aves que reconstruyen su nido al final del libro representan quizá esa persistencia. La vida continúa no porque hayamos vencido al azar, sino porque, a pesar de él, seguimos encontrando motivos para empezar de nuevo. Mañana habrá que volver a alimentar, cuidar y reconstruir.
Y quizá esa sea la imagen más profunda que deja Las olas arden:
la existencia no consiste en escapar de las olas, sino en aprender a vivir sabiendo que siempre pueden volver.
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