Van Gogh y Japón. El japonismo como inspiración.

«El japonés dibuja ligero, muy ligero, como un relámpago; es que sus nervios son más finos, su sentimiento más simple», escribió Van Gogh a Théo en junio de 1888. LLega a la pantalla grande Van Gogh y Japón.

Van Gogh y Japón es un film dirigido por David Bickerstaff, director de otros conocidos documentales basados en personajes del arte. El documental hace un recorrido por las mejores obras del artista y nos muestra detalles de la vida del pintor a través de la habitual correspondencia que mantenía con su hermano Theo van Gogh.  

Van Gogh y Japón. El japonismo como inspiración.
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Cuadro Canvas Almendro en Flor de Vincent Willem van Gogh – Ancho: 75cm – Alto: 55cm – Cuadro de calidad superior – Fabricado en España

El film documental parte de la exposición que pudo verse en 2018 en el Museo Van Gogh de Ámsterdam.

La película revela la historia de la profunda conexión que Van Gogh sentía por el arte japonés, a pesar de no haber viajado nunca a ese país.

Lo japonés ya estaba de moda cuando Van Gogh, que tenía 32 años, llegó a París.

Objetos como las linternas, las pantallas y el lacado eran populares entre los diseñadores de la ciudad. Los artistas como Monet, Degas y otros coleccionaban grabados japoneses e incorporaban el llamado «Japonismo» en su trabajo.

El japonismo es un concepto utilizado para describir el estudio del arte japonés y, su influencia en los artistas europeos. Estuvo presente en varias corrientes, incluyendo el art nouveau y el postimpresionismo. Pero este fenomeno se relaciona más con el impresionismo, ya que artistas como Claude Monet y Edgar Degas se inspiraron en los temas, la perspectiva y la composición de las estampas japonesas.

Japón se abrió a occidente cuando el período Edo llegó a su fin en 1868. París se inundó de objetos decorativos y coloridos grabados en madera llamados ukiyo-e. procedentes de Japón. El arte y la artesanía japonesa ya habían sido una de las principales atracciones en la Exposición Universal de Londres de 1862.

Al principio, la mayor parte de las estampas que llegaban a Occidente eran obra de artistas japoneses contemporáneos de los años 1860 y 1870. Las obras creadas a partir de la transferencia directa de los principios del arte japonés sobre el occidental, especialmente las realizadas por artistas franceses reciben la denominación de japonesquejaponaiserie .

En Van Gogh y Japón, veréis que el artista nunca estuvo en Japón.

Leyó descripciones de Japón y estudió cuidadosamente las obras japonesas. Había comprado sus primeros grabados en madera en 1885 mientras vivía en Amberes. Colgaba los grabados en la pared de su taller, buscando inspiración y tratando de comprender su misterioso atractivo.

Llegó a comprar hasta 600 grabados durante su estancia en París entre 1886 y 1888. Le proporcionaron una gran fuente de inspiración.

El artista estaba seducido por una cultura que conocía a través de otros y de las conversaciones con otros artistas influenciados por el japonismo. Su fascinación sería cada vez más intensa:

«Envidio a los japoneses, la extrema limpieza que tienen en ellos todas las cosas. Es algo que jamás aburre, ni parece nunca hecho a la ligera. Su trabajo es tan simple como respirar y hacen una figura con algunos trazos seguros, con la misma facilidad, como si fuera tan sencillo como abotonarse el chaleco», escribió a Théo en septiembre de ese año.

Una relación intensa que se plasma en las obras realizadas en los años 1887 y 1890, en los que copia láminas de artistas japoneses como Keisai Eisen  o integra el estilo, la composición, los temas y los colores de grabados japoneses en obras como el Retrato de Père Tanguy (1887), que es el protagonista del cartel que anuncia la película Van Gogh y Japón.

Van Gogh y Japón. El japonismo como inspiración.
Retrato de Père Tanguy . Van Gogh.
Van Gogh y Japón. El japonismo como inspiración.
La cortesana. Van Gogh.

Van Gogh y Japón incide en esas influencias orientales y en cómo el pintor se dejó llevar por lo que consideraba, además de arte, un estilo de vida.

Pintó en barcas y se retrató a sí mismo como un monje budista más. Van Gogh incluso comenzó a pensar en sí mismo como un artista japonés.

Copió geishas, kimonos y abanicos hasta desarrollar, lo que los expertos denominan, “una mirada japonesa”.  Se impregnó de la filosofía vital de los artistas japoneses del siglo XIX.

Desarrollo una forma diferente de mirar la naturaleza, al estilo de los ukiyo-e.

Adaptó e incorporó el estilo japonés al suyo, integrando las superficies planas, el color brillante, las lineas fuertes, la ausencia de sombras y el uso de una perspectiva no aérea. También, los temas preferidos: paisajes nevados, lirios, flores de cerezo. El estudio de los grabados japoneses lo empujaron a hacer cosas atrevidas en su propia obra.

Admiraba a los artistas japoneses por la forma en que vivían en armonía con la naturaleza y el enfoque completo en sus trabajos.

«Envidio a los japoneses», escribió Van Gogh a su hermano, Theo.

La composición es muy importante en los grabados japoneses. Por ello, al estudiar, dichos grabados, Van Gogh obtuvo nuevas ideas sobre como mirar la realidad o como enmarcar un paisaje.

“El arte japonés es algo así como los primitivos, como los griegos, como nuestros antiguos holandeses, Rembrandt, Hals…”, escribe en julio de 1888. 

Los colores brillantes de las estampas japonesas parece ser lo que más impresionó e influyó a Van Gogh. Él creía que el arte debía ser colorido, debía ser alegre.

Conocer a fondo la sociedad japonesa le llevó a pintar obras como el retrato de La Mousmé, sobre la que escribió a Theo a finales de julio de 1888:

«Ahora si sabes lo que es una «musmé» (lo sabras cuando hayas leído Madame Chrysanteme, de Loti [obra publicada en 1887]), termino de pintar una.

Me ha costado toda una semana; no he podido hacer ninguna otra cosa no habiendo estado aún muy bien de salud.

Esto es lo que me fastidia: si me hubiera encontrado bien, hubiera atacado a ratos perdidos algunos paisajes, pero para llevar bien mi musmé, debía reservar mi potencia cerebral. Una musmé es una muchacha japonesa —provenzal en este caso— de 12 a 14 años. Estas son las dos figuras que tengo: el zuavo y ella…».

La figura del zuavo, sobre la que Vincent Van Gogh, desarrolló varios bocetos en el mes de junio de 1888, se analiza en el film documental.

Para poneros en situación vistualizar el trailer oficial de la película ▶️ ▶️

Podéis disfrutar de esta joya de película, en Madrid, el martes 3 y jueves 5 de diciembre, solo!. Podéis ver la programación de horas y cines, aquí.

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Disfrutad del ARTE!

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